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Redactado por: ChioSama lunes, abril 21, 2014

Yankee, Sukeban, Bosozoku, Kyuusha-kai... es un vocabulario con el que, después de todo, no estamos demasiado familiarizados. Aunque más de uno habremos visto en alguna ocasión un guiño a ésta pequeña gran subcultura, la verdad es que, de algún modo, si no hacemos referencia a sus características, la mayoría de las veces seríamos incapaces de relacionar ambas entre sí.
Pelo decolorado, cejas afeitadas, el uniforme escolar modificado, motos o coches trucados y escaramuzas, multas, denuncias, peleas por doquier. Tanto si nos referimos a todas ellas como si nos referimos a una sola, estamos hablando de lo mismo. Quizás en su punto más básico o en el más álgido, mas todas vienen a significar lo mismo: delincuencia.

En Japón estas palabras se utilizan para describir o nombrar diferentes tipos de delincuencia, comenzando por la ya obsoleta moda “Yankee” y terminando por las escurridizas bandas de “Bosozoku”. Para todas ellas hay un nombre y, aunque hasta recientemente eran grupos y modas seguidas sólo por hombres, a día de hoy, las mujeres comienzan a interesarse y unirse a estas agrupaciones bajo el lema de “Las mujeres japonesas pueden limpiarse el culo solas” (por soez que suene a los oídos).

Sukeban

Como introducción al tema podríamos dividirlo en dos amplias secciones. Éstas serían: Sukeban ("Chica líder") y Yankee (trad. no lit., “Macarra”) por un lado y Bosozoku (trad. no lit. “Pandillero biker”) y Kyusha-kai (no lit. “Pandillero driver”). 

Sukeban y Yankee

Para aquellos a los que les gusten el manga o los doramas, estarán seguramente familiarizados con los “macarras” japoneses y su estilo, siempre tan peculiar. A estos jóvenes los llamaríamos Yankee (que vendría a significar algo entre macarra y delincuente). En un principio los “chicos malos” empezaban a teñirse el pelo, hacerse pendientes o tatuajes y utilizar lenguaje muy informal, de modo que tomaban ese aire de rebeldía que acabaría convirtiéndolos en un referente de “como-no-ser” en Japón.

Ichigo "Ichiko" Shirayuri (Anna Tsuchiya) en
Shimotsuma Monogatari.
Un ejemplo perfecto de como "no-ser".

Sin embargo, con el tiempo, las chicas también comenzaron a sentirse atraídas por esto. Quizás porque se sentían demasiado atadas o asfixiadas en su papel de “mujeres” (buenas mujeres o yamato nadeshiko como se definiría en japonés a la perfecta mujer de cabello largo y negro, tez blanca e instruida en el arte del ikebana, la pintura o la música), o bien simplemente porque eran adolescentes y necesitaban un método de llamar la atención.

Estudiantes Sukeban mostrando las alteraciones
en su uniforme seifuku.
Podría decirse que, como resultado de este pequeño brote de rebeldía, nacerían las Sukeban y las bandas banchô femeninas. Éste término en el slang japonés significa “chica líder” y se aplica como su nombre indica a las líderes de éstos grupos de  bajo ésta premisa las chicas comenzaron a intentar hacerse un sitio en peleas, apuestas y diversas trifulcas en las que anteriormente, no habrían estado aceptadas de ninguna manera en un intento por romper los esquemas establecidos en el país del sol naciente.

Siguiendo esta línea de actitud, no es muy dificil llegar a la conclusión de deducir que es lo que sucedió, a su vez, para motivar a la creación de las bandas que comento a continuación.


Bosozoku y Kyusha-kai

Primeros yankee
Aunque algo más tarde que en otros países, allá por 1970 aproximadamente, pero también gracias al movimiento rockabilly y su amplio legado a las subculturas relacionadas con el motor, estas pandillas llegaron también a Japón y alcanzaron en 1982 su record, con 42500 miembros pertenecientes a diferentes bandas, tratando de burlar las leyes de la carretera, así como volver loca a la policía nipona con sus carreras y rutas. 

Mientras que las bandas Bosozoku eran mayoritariamente pandillas problemáticas que daban un montón de quebraderos de cabeza a la policía con sus tatuajes, sus uniformes generacionales y sus motos trucadas, las pandillas Kyusha-kai, eran por su parte mas como un "riding club” o un grupo de moteros, en el que personas amantes del motor en general y de los coches en particular, se juntaban cada cierto tiempo y planificaban carreras que, si bien no siempre eran del todo legales, al menos no suponían, como en el caso de las Bosozoku, un riesgo para la policía o la ciudadanía. 

Estas bandas fueron perdiendo fuerza a medida que las autoridades fueron cambiando sus normas y leyes al respecto de la carretera para poderlos mantener bajo control, lo que volvió demasiado peligroso pertenecer a estas bandas siempre y cuando la pandilla en si no estuviese regida por una familia Yakuza.

En 2012 solo se registraron alrededor de 7200 miembros en todo Japón.

Con la llegada de las chicas a las bandas, allá por los años 90, el estilo y estructura de estas cambiaron radicalmente. Aunque, a causa del espíritu de rebeldía, estas mujeres tomaron muchas costumbres y maneras de actuar de los hombres, mayoritarios en estas bandas, con el paso de los años y la necesidad de identificarse en un mundo principalmente masculino, las Bosozoku Girl (también conocidas como Baika Gyaru), comenzaron a buscar un estilo propio que las diferenciara, no solo como miembros de la banda, sino también realzando de algún modo su feminidad.


Modelos de la revista Soul Sister emulando una banda
de Sukeban

De alguna manera, este interés de las mujeres moteras por la moda y la feminidad, comenzó un viaje sin retorno de las bandas a un punto mucho más enfocado a la imagen que a la delincuencia, quedando así simplemente como un símbolo de rebeldía y no como una tentativa a la violencia. Si nos remontamos a la aparición de las Sukeban, nos daremos cuenta de que, incluso ellas, en su intento de imitar a los chicos (o al menos sentirse capaces de actuar como ellos), mostraban algunos signos de discreto cuidado femenino, así como cabello largo y bien tratado, uñas pintadas, maquillaje, etc.
También, en las pandillas exclusivamente femeninas, las normas para con la banda eran mucho menos estrictas y violentas, lo que nos hace pensar que la aparición de las mujeres en este tipo de círculos, logró calmar un poco la agresividad de este movimiento.

Después de esto y gracias al auge imparable de las Sukeban, las bandas de culto al motor comenzaron a admitir miembros femeninos entre sus filas. Al suceder esto, las mujeres pertenecientes a estas pandillas, comenzaron a rechazar y desligarse de su imagen de chicas tomboy (chicas que lucen como el sexo contrario), buscando con ello verse desenfadadas, femeninas y sobre todo, a la misma altura de los hombres. Con esto, podríamos decir que el feminismo comenzó a aproximarse de algún modo a los Bosozoku, sus bandas y principalmente sus miembros femeninos.

Pulcras melenas e impecables manicuras, fueron los primeros detalles añadidos a su vestimenta, así como lentes de contacto, pestañas postizas, rayos UVA, cientos de accesorios y otros detalles probablemente inspirados en modas como el Gyaru.




Las chicas, mucho más exigentes con la imagen que querían ofrecer como moteras, comenzaron a trucar sus máquinas no solo por dentro, sino también por fuera, añadiendo detalles como asientos de una, dos o incluso tres plazas, respaldos, grandes parabrisas o manillares vintage, que daban a la moto un aire casi de coleccionismo.

Contra todo pronóstico, marcas otrora exclusivamente masculinas como XIII Japan, Mad*Star o Crazy Tribe, sacaron líneas de ropa femeninas, y se convirtieron en marcas bandera de las bandas Bosozoku.

Con el paso de los años, gracias a la iniciativa de las Sukeban y a la determinación de las chicas Bosozoku, la mujer baika en Japón se ha vuelto, de cara al extranjero, un icono de feminidad, belleza y sensualidad.

Pese al triste hecho de que estas chicas aun están poco aceptadas por la sociedad japonesa conservadora, la verdad es que al otro lado de las fronteras son veneradas y admiradas por los amantes del estilo.

Modelos de la revista Soul Sister posando
con miembros de XIII Japan
Para terminar, podríamos hacer una pequeña reflexión de cómo, a través del tiempo, una subcultura basada por completo en la violencia, la irresponsabilidad y la delincuencia, acabó, de algún modo, volcando a muchas mujeres a su lucha por la igualdad, y el derecho de ser aceptadas allá donde fueran por lo que fueran, sin la necesidad de tomar costumbres o maneras propias de hombres, así como esa transformación, lenta y progresiva de las bandas en un icono de rebeldía más que de delincuencia, volviéndose incluso, en diversos animes y series de televisión incluso un símbolo de amistad y honor. También decir que de ningún modo defiendo o alabo este tipo de bandas o su comportamiento. Condeno la violencia siempre y me parece absurda e innecesaria. Con esto solo quería llevaros a buscar un enfoque diferente para un tema no muy popular, como podría serlo, en este caso, la delincuencia juvenil en Japón y su evolución a través de los años. 



Fuentes:
· Tattoos and talons: Inside the world of Japan's Bosozoku gang girls where the women are just as bad ass as the men
· What's All About | Kyuusha-kai
· Imágenes escogidas de la red social Tumblr

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